viernes, agosto 17, 2018
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El microcosmos que nos habita: microbios en el cuerpo

No podemos verlos, pero habitan cada centímetro de la piel, mucosas y algunos sistemas internos. En conjunto, suman miles de millones, poseen 200 veces más genes que el genoma humano y pesan alrededor de 1.25 kilogramos. Es la microbiota, constituida por diversos microbios.

Por: Karina Galarza Vásquez

El cuerpo humano, al igual que la Tierra, reúne las condiciones para que otros seres puedan vivir, por ejemplo, temperatura adecuada, humedad, alimento y protección.

Al respecto, el microbiólogo inglés Michael Wilson —autor de Microbial inhabitants of humans: their ecology and role in health and disease—, considera que el cuerpo humano constituye un hogar para cerca de mil 500 especies de microorganismos.

Hasta que la muerte nos separe
El microbioma se clasifica en transitorio y residente. El primer tipo incluye los microorganismos con los que tenemos contacto a diario y es posible eliminarlos mediante el lavado con agua y jabón. micrococosmos-microbiota2 El microcosmos que nos habita: microbios en el cuerpoY los residentes viven con nosotros desde siempre y son estables.

A estos microbios les conviene que nuestro organismo esté saludable y bien alimentado. De esta manera, siempre tendrán comida segura y un lugar confortable para vivir. De hecho, el cuerpo pone a su disposición todo un banquete de sustancias excretadas y secretadas por las células vivas, así como componentes provenientes de las células muertas.

¿Cuándo llegan a nosotros? Al momento de nacer y entrar en contacto con el medio externo, somos colonizados por una gran cantidad de “bichos”, los cuales vivirán en asociación permanente en la piel, los ojos, las vías respiratorias, el sistema genitourinario, el tracto gastrointestinal y la cavidad oral.

De piel a piel
La epidermis está infestada de microbios, principalmente bacterias, al grado de que si fueran visibles seríamos de su color: grises o negruzcos. Ello se debe a que las diferentes especies son de distintas tonalidades (verdosas, amarillas, rojas y grises) y al combinarse dan un tono entre gris y negro.

“En las zonas que producen mayor cantidad de sebo y sudor, como las axilas y las ingles, la flora bacteriana es más abundante, habrá 10 mil ejemplares por centímetro cuadrado. En otras regiones, como la espalda, la cantidad es de algunos centenares”, señala el patólogo Rodolfo Acuña Soto, catedrático e investigador del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Y añade que algunos microbios producen una especie de mucosidad, que al ser observada a través de un microscopio luce como charcos de baba espesa y pegajosa. Sin embargo, esta sustancia brinda protección a la piel y la mantiene hidratada.

Los inquilinos que predominan son las especies de Corynebacterium, Propionibacterium, Staphylococcus y Peptostreptococcus. También pueden alojarse levaduras, potencialmente dañinas, como Candida albicans, Pityrosporum ovale y Pityrosporum orbiculare.

Un habitante más es Propionibacterium acnes, que se instala a niveles profundos de la piel y produce ácido propiónico. Esta sustancia ejerce un efecto bacteriostático sobre muchos organismos, es decir, inhibe su multiplicación. No obstante, dicho ácido también puede generar brotes de acné.

En conjunto, la microbiota de la piel elimina a otros microbios que intentan apropiarse de su territorio, algunos de los cuales pueden ser perjudiciales. Este mecanismo recibe el nombre de exclusión competitiva, y asegura que cada superficie del cuerpo sea colonizada por organismos adaptados a ellas.

¡Un “bicho” retrasa el envejecimiento!
Otros animalillos que han estado asociados a la piel humana son los ácaros de la especie Demodex folliculorum. Son microscópicos, pertenecen al grupo de los artrópodos y en México han sido estudiados por la doctora Anita Hoffman, autora de Animales Desconocidos. Relatos Acarológicos.micrococosmos-microbiota5 El microcosmos que nos habita: microbios en el cuerpo

Miden desde 100 micrómetros en sus estados juveniles hasta 400 micrómetros en su etapa adulta. Su cuerpo es largo y estrecho, la piel está cubierta por estrías transversales y poseen cuatro pares de patas cortas y anchas que terminan en un par de uñas. A los lados de la boca tienen quelíceros, que son como cuchillos delgados que les permiten cortar las membranas de las células para ingerir su contenido.

Hoffman describe que Demodex folliculorum vive dentro de los poros de la cara y se alimenta del material secretado por las glándulas sebáceas. Prefieren la nariz, los pómulos, la barba y la frente, en especial, del cutis grasoso. Sin embargo, no nos damos cuenta de que nuestro rostro alberga cientos de ellos y mucho menos que nos ayudan a no envejecer. Esto ocurre porque estimulan las glándulas sebáceas, y la secreción de grasa retrasa la formación de arrugas.

En los ojos
Hay microbios que viven en los ojos y, paradójicamente, no podemos verlos. Wesley A. Volk —autor de Microbiología Básica— indica que muchos organismos de la piel se encuentran en estos órganos, por ejemplo, especies de estafilococos, corinebacterias y propionibacterias. Michael Wilson explica que el parpadeo protege los ojos de objetos y microbios extraños, remueve desechos y células descamadas, promueve la producción de secreciones antimicrobianas y distribuye las lágrimas.

Estas últimas también representan una fuente de nutrientes para el microbioma del ojo debido a su contenido de proteínas y grasas. Estos productos son procesados por los microbios, y les proveen aminoácidos, azúcares y ácidos grasos que les sirven como fuente de energía.

En las vías respiratorias
En promedio, inhalamos y exhalamos alrededor de 10 mil litros de aire al día. Al inspirar, se introducen a nuestro organismo todo tipo de microorganismos potencialmente dañinos. Los tortuosos conductos de la nariz, con sus paredes cubiertas de moco, tienden a eliminar gran parte de esa materia. Y si un organismo alcanza las vías respiratorias inferiores (la laringe, la tráquea, los bronquios, los bronquíolos y los alvéolos), de inmediato es eliminado.

Wesley A. Volk indica que las bacterias que se encuentran de manera rutinaria en las fosas nasales, la cavidad nasal y la faringe son Lactobacillus, Corynebacterium pseudodiphtheriticum, Corynebacterium viridans, Bacteroides, Fusobacterium, Bifidobacterium, Actinomyces israelii y Veillonella.

Por otra parte, hay microorganismos capaces de causar enfermedades graves y mucha gente los lleva como flora normal. Se trata de distintas especies de estreptococos (pneumoniae, pyogenes y aureus), Haemophilus influenzae y Neissera meningitidis. “Quienes portan estos microbios suelen transmitirlos a gran cantidad de individuos que sí llegan a enfermar. Se desconoce la causa de este fenómeno”, señala Acuña Soto.

En la región genitourinaria
En personas sanas, los riñones, los uréteres (transportan la orina) y la vejiga están libres de microorganismos. Sin embargo, hay algunos que tienen predilección por la parte inferior de la uretra de mujeres y hombres, como los Lactobacillus, Stahphylococcus, Streptococcus, Petostreptococcus, Peptoniphilus, Fusobacterium y Veillonella.

Pasando a la región genital, Michael Wilson establece que la única zona colonizada del sistema reproductor masculino es la uretra. Y en la mujer están la vagina, la vulva y el cuello del útero. La vagina tiene pH ácido, y en este tipo de ambiente predominan micrococosmos-microbiota4 El microcosmos que nos habita: microbios en el cuerpolos Lactobacillus crispatus y Lactobacillus jensenii, aunque también se pueden encontrar levaduras (por ejemplo, Candida albicans), Staphylococcus, Corynebacterium, Streptococcus, G. vaginalis, Peptoestreptococcus, Bifidobacterium y Clostridium.

“Las células que revisten la vagina son ricas en glucógeno (compuesto por azúcar), el cual sirve de alimento a los microorganismos que habitan esta zona, en especial los lactobacilos. Éstos procesan dicha sustancia y generan ácido láctico, el cual impide el crecimiento de bacterias que compiten por nutrientes. Al mismo tiempo, este ácido produce cloro y peróxido de hidrógeno, compuestos que destruyen a los invasores”, detalla Acuña Soto.

El cérvix o cuello del útero es colonizado por una microbiota diversa, y la mayoría de sus miembros se presentan como microcolonias de lactobacilos, Schleiferella asaccharolytica, Streptococcus D, Streptococcus beta-hemolíticos y G. vaginalis. La vulva, por su proximidad con el ano y por las aberturas externas de la vagina y la uretra, es contaminada con microbios de esos lugares.

En el tracto gastrointestinal
Aproximadamente un kilo de nuestro peso corporal está conformado por los microbios intestinales. El grupo de bacterias más numeroso es el de los anaeróbicos (viven sin oxígeno), que incluye bacteroides y bifidobacterias, seguido de eubacterias y peptoestreptococos. En un rango mucho menor se encuentran los facultativos (viven con y sin oxígeno), como los lactobacilos, los enterococos y los coliformes.

El microbioma gastrointestinal se encuentra desde la boca hasta la parte final del intestino grueso. Nos defiende de infecciones, ayuda a la digestión, estimula al sistema inmune y favorece la producción de vitamina K (esencial en el proceso de coagulación). Esto último ocurre cuando comemos alimentos que contienen precursores de dicho nutriente, como vegetales de hoja verde, raíces comestibles, frutas y semillas.

La distribución de tales microbios depende de la cantidad de oxígeno presente. “Por ejemplo, el estómago y la parte superior del intestino delgado contienen pocas bacterias porque ahí abunda el oxígeno y el fluido gástrico es muy ácido. Empero, existe cierta colonización de bacterias acidolácticas, como Lactobacilos acidophilus, enterococos, estreptococos alfa hemolíticos y Helicobacter pylori; esta última es causante de gastritis crónica y úlceras”, describe Acuña Soto

Al pasar del intestino delgado al grueso —donde no hay oxígeno— se observa un incremento de la población microbiana. Su elevada actividad permite la descomposición tanto de residuos alimenticios como de compuestos propios del organismo (aminoácidos y carbohidratos). Las especies que ahí se encuentran son Fusobacterium, Clostridium, Bifidobacterium, Enterobacter duacca, E. coli e incluso cepas de Salmonella y Shigella.

En la cavidad oral
Nuestra boca prácticamente es una jungla en la que habitan diversas especies de microbios, como protozoarios y, sobre todo, bacterias. Esto no debería sorprendernos tanto, pues quién podría resistir la tentación de vivir a la agradable temperatura de 36º C, con una humedad constante y una fuente permanente de nutrientes.

Se calcula que entre 200 y 500 especies de bacterias forman la comunidad oral. Uno de los habitantes es Trichomonas tenax, un protozoario 50 veces más grande que las bacterias; de hecho, puede considerarse como el gran tiburón de los mares de saliva.micrococosmos-microbiota3 El microcosmos que nos habita: microbios en el cuerpo

Un residente más es la amiba Entamoeba gingivalis, (causante de la famosa gingivitis) que viene siendo como el león de la selva bucal, una depredadora que siempre acecha en busca de restos alimenticios o bacterias indefensas.

Y las bacterias que se encuentran con frecuencia incluyen variedades de Corynebacterium, Actinomyces, Lactobacillus, Veillonela, Streptococcus y Peptostreptococcus.

Al tener toda esta fauna, cuando damos un beso transmitimos a nuestra pareja millones de bacterias y por, supuesto, él o ella nos comparten una cantidad similar. “Durante un beso las bacterias adquiridas se mezclan con las existentes. Pero no temas, ya que son inofensivas y desaparecen después de una hora”, aclara Acuña Soto.

Aunque parece una catástrofe tener tanto animalillo en la boca, después de todo impiden la entrada de microbios perjudiciales y producen sustancias letales para algunos de los microorganismos más nocivos que suelen transitar en el aire o en los alimentos.

¿Amigos o enemigos?
Hay quienes creen que sería maravillo que los científicos pudieran acabar con todos los microorganismos del mundo. ¿Qué tan bueno sería esto? No podemos negar que algunos pueden causarnos enfermedades, muchas de ellas graves. Pero también debemos aceptar que estas criaturas malignas le han dado muy mala fama a los microbios benéficos, que como ya vimos nos ayudan en muchas de nuestras funciones.

“Estamos hechos para convivir en armonía con los microorganismos y temerles tiene consecuencias. Hay quienes, por ejemplo, se ‘bañan’ en alcohol o germicidas. En primer lugar, se ocasionan una dermatitis; en segundo, no todos los ‘bichos’ se mueren porque se esconden en las zonas más profundas de la piel; y tercero, se reponen muy rápido. Y lo más grave, es que si había alguna especie nociva se hará resistente a tales tratamientos”, advierte el investigador.

Además, la microbiota controla de manera sorprendente el crecimiento de los microorganismos nocivos y estimula nuestras defensas. En caso contrario, seríamos completamente invadidos y podríamos morir. Por supuesto, como no son criaturas súper poderosas, en momentos no pueden evitar que el ecosistema se altere o que un microorganismo extraño logre colarse y rebase nuestro sistema de defensas.

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