viernes, noviembre 24, 2017
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Erotismo a flor de piel, un llamado a la intimidad

¿Cómo viven las mujeres de hoy la sexualidad y el erotismo? El aprendizaje, la sociedad y la cultura han reprimido el deseo sexual femenino mediante un entrenamiento verbal y de coerción durante toda la vida. Ello responde a un conjunto de reglas creadas desde hace muchos años por los hombres, cuya preocupación ancestral ha sido asegurar que sus cromosomas sean los que pasen a las siguientes generaciones.

Por: Karina Galarza Vásquez

“Dicha represión se ha dado por miedo, por necesidad de control”, responde enfática María Teresa Priego Tapia, licenciada en Letras por la Universidad de Monterrey y con Maestría en Estudios de lo femenino por la Universidad Paris 8 Saint Denis. Y agrega que hasta que fueron descubiertas las pruebas de ADN (ácido desoxirribonucleico), un hombre no tenía manera alguna —más que la palabra femenina—de saber que el hijo era biológicamente suyo.

Falsas ideas
La autora de Tiempos Oscuros refiere que a lo largo de la historia se ha creado una serie de mitos alrededor del erotismo femenino: “la mujer devoradora”, “la vagina dentada”, “la potencia femenina insaciable que ‘absorbe’ la ‘esencia’ masculina” y “la castradora que domina a los hombres”. “Todos estos mitos hablan de temor arcaico al ‘poder’ femenino concebido como omnipotente y devorante. ¿Por qué? Porque la sensualidad femenina es menos aprehensible en su proceso fisiológico, que la masculina. Esta apariencia de deseo sexual abierto al infinito, puede ser —parece— muy angustiante para muchos hombres”.

Por otra parte, destaca que todos nacemos de una mujer, lo cual para los hombres heterosexuales es y ha sido muy difícil de resolver. Esto se debe a que enfrentan la doble función del cuerpo femenino: objeto erótico y materno. “Creo que la mejor metáfora de esta dualidad que puede ser inquietante son los senos: profundamente sensuales y a la vez, profundamente maternos. Tanto la sensualidad, como la maternidad están inscritas en nuestro cuerpo. Puede ser muy conflictivo”.

Lo que cargamos
En las diferentes épocas, la mujer ha vivido su sexualidad y erotismo de muy distintas maneras. ¿El orgasmo femenino es o no indispensable a la procreación? ¿El orgasmo femenino contribuye o no a crear bebés más bellos o más sanos? “En realidad, lo que las mujeres de occidente cargamos aún hoy, es el peso represor y puritano del siglo XIX, al cual el historiador Thomas Laqueur —como muchos otros autores— atribuye la invención de ‘una mujer sin deseos sexuales’. Sin embargo, la década de 1960 fue el principio de la gran batalla anti-decimonónica”.

En este contexto, cabe destacar que una encuesta publicada recientemente por el Instituto Nacional de Sexología indica que 80% de las mujeres que viven en el campo jamás han tenido un orgasmo. Este porcentaje se reduce a 40% en el caso de las mujeres urbanas. “Hemos avanzado mucho, y al mismo tiempo pareciera que falta demasiado por hacer. Es por ello que estoy convencida que los medios de comunicación tienen inmensa responsabilidad, en especial aquellos dirigidos a las mujeres”.

A lo anterior se suman los estereotipos fomentados, principalmente, por la televisión y las revistas de moda. La preocupación por “el cuerpo perfecto” es una realidad y la anorexia es una de sus consecuencias más dolorosas. “Las mujeres tendríamos que entender, a pesar del acoso publicitario y la imposición de modelos estéticos, que a fin de cuentas el erotismo es una experiencia que se juega en el cuerpo, pero que se da sobre todo mucho más allá. Tiene que ver con el imaginario, juego, y procesos inconscientes”, acota la escritora.

Miedos y tabúes
La sociedad mexicana todavía es muy conservadora y se tienen muy arraigados los estereotipos de la femineidad: eternamente pura, inexperta, pasiva y desprovista de deseo sexual y erotismo. Todo ello se nos impone y a las mujeres nos da miedo romper esos esquemas.

“Así, la división entre ‘mujer decente’ y ‘prostituta’ nos duele y nos reprime; no nos atrevemos a ir más lejos. ¿A qué me refiero?, conocer nuestro cuerpo, pedirle a la pareja lo que nos gusta, saber y tener muy claro que las mujeres vamos hacia el acto sexual por amor, ternura, pero también por placer”, advierte María Teresa Priego.

Y reafirma la importancia de asumir que nos gustan los orgasmos, y que el orgasmo femenino es igual de importante y necesario que el masculino. Que una mujer tenga orgasmos —como su compañero— cada vez o la mayoría de las veces, podría y tendría que ser tan natural como lo es que su compañero experimente lo mismo.

A ello se impone el típico “¿qué dirán?”, miedo al juicio y a ser rechazada por la pareja si nos comportamos demasiado apasionadas o activas. El punto está en que las sociedades no se transforman si las personas no nos transformamos, si las mujeres deseamos parejas más equitativas y más libres, tenemos que tomar los riesgos de ir diciendo, cuidadosamente, lo que deseamos y necesitamos. Discutirlo entre nosotras y con nuestras parejas.

Existen casos, por supuesto, donde una mujer necesitaría el apoyo de terapia para avanzar en la solución de sus conflictos. Este tipo de tratamientos con un buen profesional es muy recomendable, apasionante y enriquecedor en todos los sentidos.

Venciendo el temor
“Las mujeres podemos intentar conocer nuestro cuerpo a solas, acariciarnos, ir entendiendo cómo funcionamos, cómo podemos ofrecernos placer y provocarnos orgasmos. Desinhibirnos, primero ante el espejo. Aprender a amar nuestra piel y nuestro cuerpo. Hablar mucho con otras mujeres y vivir nuestro erotismo”, recomienda la periodista.

Compartir en confianza con amigas o compañeras, nos hace entender y nos libera. Ser honesta con los hombres y jamás andar fingiendo orgasmos ni quejidos. Si una se lanza a gemir cuando no se la está pasando bien, está faltando a la regla de honestidad de una relación, pero además se está metiendo un auto gol. ¿Cómo le explicas después que necesitas más caricias, si antes eras pluriorgásmica nada más con que te volteara a ver, como en las películas de Hollywood?

También tengamos presente que los diferentes métodos de control de la natalidad nos han permitido hacer una separación vital en cuanto a la posibilidad de disfrutar de nuestra sexualidad y tener relaciones con fines reproductivos.

¿Qué tan libre era (o es) una mujer cuando en cada relación sexual temía (o teme) un embarazo? La anticoncepción permite disfrutar libremente de la sexualidad y elegir ser madres cuando así lo deseamos. “Creo que la ‘píldora de emergencia’, que tanto revuelo ha causado en México, es un avance más en esta dirección; de hecho, el Colegio de Bioética asegura que no es abortiva”, aclara.

María Teresa Priego nos deja un mensaje muy importante: podemos vivir el erotismo y la sexualidad al máximo si confiamos en nosotras mismas y en el otro. Es complicado, como resulta complicado todo aquello que nos exija dejarnos ir.

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