Miércoles, Mayo 24, 2017
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La proteína de la juventud eterna podría estar en el cordón umbilical

Nuestro cordón umbilical podría contener la proteína de la eterna juventud o, al menos, de un envejecimiento más lento y con menos efectos sobre nuestro cerebro. La clave podría estar en la proteína llamada inhibidor tisular de las metaloproteasas 2 o TIMP2, que en ratones ha demostrado ser capaz de “rejuvenecer” la capacidad de aprendizaje y la memoria.

El estudio se publicó en Nature y, según los investigadores de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), los hallazgos podrían conducir al desarrollo de nuevos tratamientos, la disminución de la capacidad mental y las demencias asociadas con el envejecimiento.

Los investigadores han visto que esta proteína, abundante en la sangre del cordón umbilical humano pero que va disminuyendo con el paso de la edad, tiene este efecto rejuvenecedor cognitivo en los animales. “Los neurocientíficos lo han ignorado y siguen ignorándolo, pero yo estoy convencido que la sangre pueda influir en las funciones cognitivas”, señala el autor principal del estudio, Tony Wyss-Coray.

Este mismo grupo, en un trabajo previo, ya había demostrado que la infusión directa de plasma en ratones jóvenes, la porción de la sangre libre de células, lograba un beneficio cognitivo en ratones añosos. Dichos beneficios se extendieron más allá de la bioquímica y la fisiología y de hecho se apreciaron resultados reales en las pruebas de memoria y aprendizaje.

Plasma humano
El nuevo estudio es el primero que demuestra que el plasma humano puede ayudar a la memoria y el aprendizaje de los ratones más viejos, lo que a juicio de los investigadores parece aumentar la probabilidad de que también pueda tener un efecto beneficioso similar en las personas. Además, los resultados son prometedores para el desarrollo de fármacos, debido a que se ha identificado que una sola proteína parece ser capaz de imitar esos beneficios.

Para determinar el valor de una serie de proteínas los investigadores compararon el plasma sanguíneo procedente del cordón umbilical de ratones de 19 a 24 años de edad con el de otros de 61 a 82 años de edad; así identificaron los cambios asociados a la edad en una serie de proteínas.

Dichos cambios, sospechan los investigadores, podrían afectar al hipocampo, una estructura cerebral, que tanto en ratones como en seres humanos es crítica para convertir las experiencias en recuerdos a largo plazo. En particular, el hipocampo es esencial para ayudar a recordar la información espacial, por ejemplo, a que el cerebro sepa recordar dónde aparcamos el coche en un estacionamiento o datos autobiográficos, como lo que hemos desayunado.

Por razones muy desconocidas, el hipocampo es especialmente vulnerable al envejecimiento normal, explica Wyss-Coray. “Con la edad, el hipocampo degenera, pierde las células nerviosas y encoge”. Este deterioro es, además, una manifestación temprana de la enfermedad de Alzheimer.

Para distinguir los efectos de la sangre humana vieja, joven y “más joven” en la función del hipocampo, los investigadores usaron ratones con deficiencia inmune que podrían recibir inyecciones repetidas de plasma humano sin experimentar reacciones inmunológicas negativas. Los experimentos llevados a cabo antes de inyectar plasma humano en los ratones mostraron que, al igual que sus compañeros inmune-competentes, la actividad del hipocampo, la integridad y la capacidad regenerativa de estos ratones se reducían en la vejez un poco más rápido.

Mejora mental
Cuando los ratones más viejos recibieron plasma humano de sangre del cordón umbilical mejoraron muchos parámetros de la función del hipocampo. Por otro lado, el plasma de personas mayores no ayudó en absoluto, mientras que el plasma de adultos jóvenes indujo un efecto intermedio.

Algo presente en la sangre del cordón umbilical hacía que los viejos cerebros actuaran como más jóvenes. Para averiguar qué era, Wyss-Coray y sus colegas midieron los niveles de proteína plasmática en humanos y ratones de diferentes grupos de edad, en busca de proteínas que las dos especies comparten y cuyos niveles cambian de manera similar con la edad. Una proteína en particular llamó su atención: la TIMP2.

“Los efectos del TIMP2 en el cerebro han sido estudiados un poco, pero no mucho y no en el envejecimiento -señalan-. En nuestro estudio, imitó la memoria y los efectos de aprendizaje que estábamos recibiendo con el plasma del cordón umbilical y pareció hacerlo mejorando la función del hipocampo”.

Fuente: ABC España

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