sábado, septiembre 22, 2018
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Los beneficios de ser pesimista, según la ciencia

Buena parte de la psicología, los libros de autoayuda y las terapias que luchan contra la depresión o el fracaso escolar, basan sus propuestas en el positivismo: ser optimistas nos ayuda a mejorar, e incluso a curarnos. Pero ahora un estudio científico realizado en la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, afirma que ser pesimista puede tener algunos beneficios, tanto a nivel profesional y escolar como de salud. Pero no un pesimista cualquiera. Solo quienes no se dejan vencer por su negativismo.

Según este estudio, existe un tipo de pesimista llamado defensivo, que básicamente tiene un plan. Usa el pesimismo como un escudo para reducir la ansiedad, pero reacciona ante esa negatividad. Lo ve todo mal, el vaso siempre está medio vacío, pero en lugar de resignarse o deprimirse usa esta situación para trazar un plan que impida que lo perjudicial se convierta en realidad.

Por ejemplo, frente a una entrevista de trabajo que tendrá lugar al día siguiente, el optimista se convence de que todo irá bien, se relaja y espera a que llegue la cita. El pesimista tradicional afirmaría que la entrevista va a ser un desastre y que nunca lo contratarán, y llevaría a cabo una actividad para olvidarse del tema (ver la tele, beber alcohol, irse a dormir…).

En cambio un pesimista defensivo reconoce que la entrevista será un desastre como un método de defensa para quitarse presión. A partir de aquí, imagina las cosas que pueden ir mal (eso se le da muy bien), y prepara respuestas o un plan B para enfrentarse a ellas, en el caso de que se cumplan.

Otro mito muy extendido es que los pesimistas tienen menos autoestima que los optimistas. El estudio realizó un seguimiento durante cuatro años a estudiantes universitarios, a lo largo de toda su carrera. Al acabar los estudios (independientemente de su éxito o fracaso) les preguntaron si tenían más o menos autoestima que cuando empezaron.

Sorprendentemente, aquellos que se consideraban pesimistas defensivos tenían más autoestima que los optimistas. La razón es que estos últimos sufren un bajón cuando sus expectativas no se cumplen, algo que no ocurre con los pesimistas proactivos. Como además ponen los medios para que lo malo no ocurra, terminan reforzando su autoconfianza.

El pesimismo, bueno para la salud
Otra de las sorprendentes conclusiones del estudio, es que los pesimistas son más eficientes que los optimistas a la hora de prevenir padecimientos y de enfrentarse a las enfermedades crónicas. Por ejemplo, ante una epidemia de gripe los pesimistas proactivos están convencidos de que se van a contagiar, así que hacen todo lo posible para no hacerlo, cumpliendo todas las medidas de prevención o acudiendo al médico al menor síntoma.

En el caso de enfermedades crónicas como la artritis asumen que la enfermedad va a ir a peor con los años, así que hacen todo lo que les dice el médico para aliviar los síntomas y aprender a vivir con su enfermedad. Así que ya sabes, si eres de esas personas que siempre ve el vaso medio vacío, no hay nada de malo en ello… Siempre que no te quedes ahí, y hagas algo al respecto. Se pesimista, pero un pesimista proactivo…

Fuente: Computer Hoy / Juan Antonio Pascual

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