martes, septiembre 19, 2017
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¿Por qué los flamencos son rosas?

Si existen aves mitológicas, estas son, sin duda alguna, los flamencos. No viven entre llamas, pero su hábitat es un infierno. Acercarse a las colonias de estos animales en Kenia es una temeridad. Los lagos donde crían son extremadamente calientes y alcalinos, con temperaturas de hasta 60 grados centígrados y un pH de 10.5. Es un caldero cáustico que mantiene a raya a los posibles enemigos.

Las patas de los flamencos enanos están cubiertas por unas duras escamas que los protegen de las corrosivas aguas, y sus pies palmeados evitan que se hundan en el barro. Aun así, a medida que la estación seca avanza, pueden quedarse atrapados, ya que se evapora el agua y la salinidad aumenta drásticamente y es superior a la del mar.

Gracias a que disponen de unas glándulas excretoras de sal junto a sus picos, puedan beber de las aguas salobres. Su método de alimentación es de lo más particular. El pico curvo de los flamencos funciona al revés: doblan sus largos cuellos de tal manera que la mandíbula superior, de menor tamaño y móvil, es la primera en alcanzar el agua.

Una maniobra un tanto excéntrica mire como se mire. “Boca abajo”, el pico les sirve de filtro para separar la comida del líquido y el barro. Sus grandes lenguas bombean a un ritmo de entre cinco y veinte veces por minuto, absorbiendo agua turbia por la parte delantera y expulsando agua cristalina por los lados.

Al mismo tiempo, en las mandíbulas y la lengua, se encuentran unas diminutas púas y unas protuberancias eréctiles que atrapan el alimento, desde pequeños artrópodos hasta minúsculas algas según la especie de flamenco. Picos tuertos y cabizbajos, todos comen alimentos ricos en pigmentos.

Los flamencos son de color rosáceo, más o menos fuerte, desde el rosa pálido del flamenco común, hasta el color salmón del flamenco del Caribe. Básicamente la intensidad depende de la cantidad de carotenoides presente en sus dietas. Su sistema digestivo extrae los pigmentos de los alimentos disolviéndolos eventualmente con las grasas.

Poco a poco se acumulan en las plumas a medida que estas crecen. Probablemente su aspecto sonrosado sea una consecuencia fortuita e indirecta de la alimentación. No obstante, a lo largo de la evolución, se ha visto reforzado por su importante rol social.

Los machos con el rosa subido son más atractivos para las hembras. De hecho, llegado el momento, algunos se maquillan para atraerlas untándose las alas con un peculiar aceite rico en carotenoides secretado en unas glándulas de sus colas. Finalizado el cortejo, al dejar de aparentar, pierden paulatinamente el brillo alar. El rosa es una señal de buena alimentación, de salud y de seducción.

Los flamencos son monógamos (al menos durante el periodo de cría) y ambos miembros de la pareja construyen el nido e incuban un único huevo. Durante su desarrollo, ya empieza a recibir pigmentos, hasta el punto que la yema se vuelve de color rojo vivo. Sin embargo, cuando eclosiona, el polluelo es gris como la ceniza del Fénix.

Adquirir el inconfundible plumaje es cuestión de tiempo. En las primeras semanas, los padres alimentan al pequeño con una “leche” roja producida por unas glándulas ubicadas en el tracto digestivo. Esta secreción es rica en grasa y su color es debido, en parte, a los carotenoides. La transferencia de estos pigmentos de padres a hijos es tal que los primeros se destiñen en pro de los segundos. Con el tiempo, les crecen nuevas plumas, se les curva el pico y adquieren el tono típico. Listos para abandonar el nido, comer por cuenta propia y enfrentarse a una vida de color rosa.

Fuente: El País / Oscar Cusó, biólogo, director y guionista de documentales de naturaleza, ciencia e historia. Ha trabajado en diferentes series y largometrajes para cadenas como la BBC, National Geographic y TVE.

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