sábado, diciembre 16, 2017
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¿Qué pasaría si entrara en erupción un supervolcán?

La erupción de un volcán en cualquier punto del planeta es un acontecimiento curioso, un desastre natural de menor o mayor dimensión pero pocas veces con repercusiones a nivel global. Esto es un hecho a lo largo de nuestra civilización, pero no siempre va a ser así: tarde o temprano entrará en erupción alguno de los llamados supervolcanes, así que las preguntas son cuándo será y qué ocurrirá entonces.

Hace varios años, la actividad en un volcán islandés provocó el caos aéreo en toda Europa, algo que podría repetirse estas navidades en Asia, y eso que no son volcanes especialmente grandes. Sabemos que hay algunos gigantes dormidos que tarde o temprano estallarán, como por ejemplo el que yace bajo el Parque Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos, o algunos de los que se sitúan en el llamado Anillo de Fuego del Océano Pacífico.

Las consecuencias si un supervolcán entra en erupción se harían sentir en todo el mundo, y eso que hace miles de años que ninguno de ellos lo hace. Como muestra de lo destructivo de un fenómeno natural de este calibre, basta remitirnos al año 1816, conocido como “El año sin verano” debido a las cenizas arrojadas por el Monte Tambora.

Según la ciencia, estamos en el tiempo de descuento
En fútbol, el tiempo de descuento son los minutos que el árbitro añade para recuperar lo perdido durante el partido. Es la última oportunidad para dar el golpe al encuentro. En este contexto, se puede decir que la humanidad está en el tiempo añadido con respecto a las catástrofes naturales de dimensiones épicas.

Científicos de la Universidad de Bristol han calculado que el último supervolcán entró en erupción hace aproximadamente 20,000 años, justo antes de que se establecieran las primeras civilizaciones y los registros históricos. No se tienen datos de cómo cambió el clima a nivel mundial, pero seguro que lo hizo si tenemos en cuenta los estudios realizados en vegetación y restos fósiles.

Lo más inquietante es que uno de estos desastres se produce en periodos de tiempo que van desde los 4,500 años hasta los 48,000, con una media de megaerupción cada 17,000 años. Esto significa que a partir de ahora, cada momento cuenta y podría ser el definitivo.

Enfriamiento brusco, hambruna y desastre climatológico a gran escala
Incluso si entrara en erupción un gran volcán, uno de los que no son calificados como supervolcanes, estaríamos ante un desastre a todos los niveles. Para empezar, las cenizas arrojadas a la atmósfera bloquearían los rayos solares provocando un enfriamiento inmediato del planeta. De ahí que 1816 fuera el año sin verano.

Cualquiera podría pensar que un añito con temperaturas refrescantes no le viene mal a nadie pero ¿es realmente así? En absoluto. Las consecuencias de un cambio brusco en el clima serían catastróficas para la agricultura y la ganadería en todo el mundo. Cosechas al completo se perderían en casi todos los países, provocando una hambruna de dimensiones difíciles de calcular.

Ganado muerto y cosechas congeladas serían los efectos más palpables, pero no los únicos. La muerte de millones de personas sería un hecho, en particular en países subdesarrollados, siempre los más vulnerables a todo tipo de cambios a peor.

Dicho esto, las cenizas volcánicas son altamente tóxicas. Aunque fueran lanzadas a muchos kilómetros de altura, acabarían cayendo a nivel de tierra tarde o temprano, contaminando fuentes de agua y multiplicando las afecciones respiratorias de forma inmediata.

La tecnología sería una ayuda, pero no una solución
Aunque tecnológicamente la humanidad no tiene nada que ver con lo que era cuando se produjo el último incidente de este tipo, aún no estamos preparados para derrotar completamente a la naturaleza. Para empezar, la comunicación depende completamente de satélites, muy vulnerables.

La pantalla de ceniza y humo en torno a la Tierra podría bloquear las emisiones de GPS y telefonía, algo que ya de por sí sembraría el caos más absoluto en el comercio y las comunicaciones a nivel mundial. Por otra parte, el desarrollo tecnológico no funciona de forma independiente. Sin comida y helándose de frío no hay quien trabaje, y nadie puede comerse un móvil. Sí, se pueden utilizar invernaderos y otro tipo de inventos para multiplicar la producción agroalimentaria, pero con un coste energético brutal e inasumible.

Fuente: Computer Hoy / Eduardo Álvarez

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