jueves, septiembre 20, 2018
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Zona de exclusión de Chernóbil actúa como una reserva de vida silvestre

En 1986, la explosión de un reactor en la planta de energía nuclear de Chernóbil, quedó registrada como uno de los accidentes nucleares más devastadores que el mundo haya visto. En los años posteriores al fatal evento cientos de militares cayeron enfermos, y muchos murieron de cáncer y enfermedades atribuibles a la exposición radioactiva.

Sin estar seguros de cuán lejos llegaba la contaminación radioactiva proveniente de Chernóbil, las autoridades cerraron un perímetro de 30 kilómetros alrededor del área del accidente, estableciendo una zona de exclusión que cubre un área de 4,300 kilómetros cuadrados. A lo largo de los años, se han realizado muchos estudios para evaluar el efecto de la lluvia radioactiva sobre el bienestar de los habitantes de la zona, muchos de los cuales han dado lugar a resultados contradictorios.

Si bien algunos estudios han encontrado que la vida silvestre local en la zona sufrió efectos nocivos, otros han encontrado un panorama contrastante. En este sentido, un estudio muestra que la zona de exclusión consecuencia del accidente nuclear de Chernóbil, se ha convertido en una reserva natural improbable, una que ha permitido el florecimiento de muchas especies.

El lobo común o lobo gris (Canis lupus) es uno de esos animales cuya población solo se benefició del hecho de que las personas abandonaran el área, y los científicos han establecido que actualmente su población es significativamente más alta en densidad, que en las áreas adyacentes a la zona.

Como la mayoría de los grandes carnívoros, los lobos pueden migrar a cientos de kilómetros de su lugar de nacimiento. Dada la alta densidad de su población en la zona de exclusión, los científicos sugirieron que algunos ejemplares jóvenes podrían abandonar el perímetro protegido y penetrar en las áreas vecinas.

A fin de comprobar sus sospechas, los investigadores solicitaron un permiso y se adentraron en el área de exclusión en busca de lobos. 14 ejemplares fueron capturados, identificados, pesados y se estimó su edad; seguidamente se les colocó un collar que llevaba incrustado un GPS y liberados.

El dispositivo enviaba información sobre las coordenadas y lecturas del dosímetro cada 35 minutos. Con estos datos los investigadores fueron capaces de monitorizar los patrones de movimiento de los lobos, entre noviembre de 2014 a mayo 2015 y desde noviembre 2016 a agosto 2017.

Los investigadores encontraron que mientras los lobos adultos permanecían dentro de la zona, un joven individuo deambulaba mucho más allá de sus límites. Comenzó a alejarse de su hogar de manera consistente unos tres meses después de que los científicos comenzaron a rastrear sus movimientos. En el transcurso de 21 días, el animal terminó a unos 300 kilómetros fuera de la zona de exclusión.

El investigador Michael E. Byrne, afiliado a la Escuela de Recursos Naturales de la Universidad de Missouri, en Estados Unidos, y coautor del estudio, comentó: “Una pregunta frecuente es si los animales nacidos en la zona de exclusión están transportando mutaciones a medida que salen; sin embargo, no tenemos evidencia para apoyar que eso esté sucediendo. Se trata de una particularidad interesante que puede ser investigada en el futuro, pero no es algo que me preocupe”.

Estos hallazgos son la primera prueba de que un lobo se está dispersando más allá de la zona de exclusión. Los investigadores indican que en vez de ser un agujero negro ecológico, la zona de exclusión de Chernóbil podría actuar como una fuente de vida silvestre para ayudar a otras poblaciones de la región, y estos hallazgos podrían no sólo aplicarse a los lobos: es razonable suponer que lo mismo puede estar sucediendo con otros animales.

Las observaciones sugieren que para los animales salvajes, el efecto negativo de la radioactividad palidece en comparación con el efecto positivo que representa vivir sin humanos.

Referencia:
Evidence of long-distance dispersal of a gray wolf from the Chernóbil Exclusion Zone. European Journal of Wildlife Research, 2018.

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