jueves, junio 13, 2019
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10 personas que tuvieron que practicar su propia cirugía

Cualquier cirugía, por más simple que sea, implica ciertos riesgos a considerar. Bien sea por las posibles consecuencias de la anestesia o la posibilidad de adquirir una infección asociada a una herida abierta, entre otros, cualquier procedimiento quirúrgico está sujeto a posibles complicaciones.

Por lo tanto, para realizar una cirugía es necesario mantener ciertas condiciones, principalmente de asepsia y control sobre los procedimientos. Sin embargo, pueden ocurrir situaciones extremas, como las que veremos a continuación, en las que las personas se saltan cualquier tipo de protocolo y terminan operándose a sí mismas. Veamos algunos casos.

Jerri Lin Nielsen: la mujer que trató de curar su cáncer por sí misma
El primer caso es el de la doctora Jerri Lin Nielsen, una mujer estadunidense que dedicaba su vida a cuidar de la salud de miles de pacientes que ingresaban a la sala de emergencias. En 1998, Nielsen fue contratada para trabajar durante todo un año en la estación de Amundsen-Scott, en el Polo Sur, donde sería la única doctora durante la temporada de invierno.

En el primer trimestre de 1999, Nielsen descubrió que tenía un bulto en su seno derecho, lo que la hizo consultar con sus médicos de confianza en Estados Unidos. En vista de que no había más médicos que la asistieran, la doctora Nielsen decidió practicarse una biopsia por sí misma; sin embargo, los resultados no fueron concluyentes.

Posteriormente, solicitó un avión con suministros médicos para realizarse a sí misma su tratamiento. Con esto, volvió a practicarse una biopsia, a partir de la que se confirmó que efectivamente tenía cáncer de mama. Esto la motivó a administrarse quimioterapia ella misma. Al volver a los Estados Unidos afrontó un sinnúmero de procedimientos médicos, complicaciones y hasta una mastectomía. No obstante, la buena noticia es que logró superar el cáncer.

Cualquier cosa por no ser descubierta
El caso de Deborah Sampson es curioso por demás. En 1782, Sampson fingió ser un hombre para enlistarse en el Cuarto Regimiento de Massachusetts, del Ejército Continental. Así, bajo el nombre de Robert Shutleff, luchó en diversas batallas junto a sus compañeros, de los cuales ninguno sospechó que en realidad era una mujer.

No obstante, cuando su unidad fue enviada a West Point, en Nueva York, fue herida en una batalla, por lo que la llevaron al hospital para recibir tratamiento; lo que pondría en riesgo su fachada. Por lo tanto, decidió escabullirse y se practicó una cirugía a sí misma para sacar una de las balas de mosquete que habían atravesado su muslo.

Armada con una navaja y una aguja de coser común, se realizó la cirugía; todo para evitar que descubrieran que realmente era una mujer y la echaran del ejército. Posteriormente, al recuperarse de la herida, regresó al regimiento. Sin embargo, esto ocurriría en una siguiente oportunidad, pero esta vez el médico sí descubrió que era una mujer.

La mujer que abrió un orificio en su propio cráneo
Amanda Feilding es una artista y directora científica de Gran Bretaña. En algún momento de su carrera, interesada por el tema de los estados de conciencia, decidió experimentar con una cirugía llamada trepanación, bajo la premisa de que esto le permitiría alcanzar un nivel de consciencia superior. Tal procedimiento implica abrir un agujero en el cráneo, a fin de liberar la presión en el cerebro, que posteriormente se deja sanar por sí mismo.

Así, tras años de una búsqueda infructuosa de un profesional que la asistiera en la cirugía, Feilding decidió hacerlo por sí misma. Entonces, se equipó con un taladro eléctrico de dentista y se colocó unas gafas a fin de evitar que le entrara sangre en los ojos. En un primer momento, parada frente al espejo, hizo una incisión con un escalpelo en su cabeza y posteriormente empezó a perforar su cráneo.

Al hacerlo, perdió casi un litro de sangre; sin embargo, estaba satisfecha con los resultados. Sobre su experiencia, Feilding comenta que las cuatro horas siguientes al procedimiento, percibió una intensa sensación de euforia y relajación. Finalmente, sobrevivió a la cirugía, sin mayores complicaciones y, actualmente, el video de su hazaña ha sido expuesto a grupos selectos.

Un médico decidió demostrar sus planteamientos usando su propio cuerpo
Evan O’Neill Kane es el nombre de un pionero en el área de la Medicina que se desempeñaba como cirujano en jefe del Hospital Kane Summit, en Nueva York. Estaba convencido de que, en la mayoría de los casos, la anestesia general no era necesaria si se trataba de una cirugía menor. Por lo tanto, decidió demostrarlo usando su propio cuerpo.

En este sentido, Kane se operó a sí mismo para quitarse el apéndice, únicamente con anestesia local. Para ello, se apoyó sobre la mesa quirúrgica, usando un espejo para ver lo que hacía, mientras otros tres médicos lo observaban de cerca. Así, realizó la incisión y se retiró el apéndice sin mayores complicaciones; posteriormente, los otros médicos le ayudaron a suturar la herida.

No contento con esto, en 1932, cuando tenían 70 años de edad, Kane tomó la decisión de ir un paso más allá, realizando una cirugía más complicada. Así fue como terminó reparándose a sí mismo una hernia inguinal que padecía. Teniendo en cuenta la proximidad de la arteria femoral, Kane trabajó con delicadeza y realizó con éxito la cirugía en menos de dos horas.

Leonid Rogozov: el médico que removió su propio apéndice en la Antártida
Esta quizás sea la historia más conocida de una persona que decide hacerse una cirugía a sí misma. Se trata de la historia del médico soviético Leonid Rogozov. Cuando tenía 27 años, se encontraba cumpliendo sus labores habituales en la base Novolazarevskaya, en la Antártida. Sin embargo, de un momento a otro, empezó a experimentar ciertos síntomas.

Rápidamente, el médico reconoció que eran los síntomas característicos de una apendicitis aguda que empeoraba a gran velocidad. No obstante, en la base donde se encontraba no contaban con un avión de rescate y estaba cayendo una tormenta sin igual.

Dados los riesgos de complicaciones, el médico decidió que él mismo tendría que remover su apéndice. Así, con la ayuda de sus compañeros, quienes sostuvieron los equipos necesarios, se reclinó sobre una cama y retiró el órgano dañado usando anestesia local. En medio de la cirugía, sufrió de algunos desmayos, pero pudo continuar y completó la operación en casi dos horas. Tras dos semanas de reposo, Rogozov se recuperó y retomó sus rutinas acostumbradas.

El hombre que removió una piedra de su vejiga
Un herrero de nombre Joannes Lethaeus, en Holanda, decidió remover por sí mismo una piedra que obstruía su vía urinaria. Luego de tomar la determinación de que nadie más que él abriría su cuerpo, consiguió el cuchillo más filoso de entre sus pertenencias y, con la ayuda de su hermano, inició su propia cirugía.

Así, fue abriendo poco a poco las capas de tejidos, hasta que dio con la causa de la obstrucción y logró sacarla. Sin embargo, este no fue un procedimiento sencillo, pues tuvo que meter dos de sus dedos en la herida a fin de empujar la piedra, del tamaño de un huevo de gallina, hasta sacarla. Esto le valió un importante desgarro en su vejiga. Posteriormente, recibió ayuda para suturar sus heridas; sin embargo, se vio obligado a lidiar con dolorosas úlceras, producto del trauma a la vejiga, que le afectarían por un tiempo considerable.

Una historia de película
Se trata de la experiencia de Aron Ralston, un hombre que, mientras realizaba una excursión, se vio obligado a cortar su brazo para salvar su vida. Ralston es un escalador de montañas oriundo de los Estados Unidos, quien abandonó su carrera para dedicarse a la escalada. Su misión era escalar todos los “Colorado Fourteeners”, unos picos de más de 40,000 metros de altura, en Colorado.

En 2002, se encontraba solo en una excursión en el Blue John Canyon; sin embargo, en un momento, una roca cayó desde las alturas, atrapando su antebrazo derecho. Ralston pasó un total de cinco días intentando levantar o romper la roca para salvarse.

No obstante, ya deshidratado y delirante, supo que no había otra opción más que cortar su brazo. Para ello, usó la hoja desafilada de una cuchilla, que le permitió cortar los tejidos blandos. Por su parte, echó mano de sus alicates para desgarrar los tendones y romper los huesos de su antebrazo.

Pero la historia no acabaría allí, una vez liberado, el escalador se vio obligado a recorrer más de 12,000 kilómetros para llegar a su vehículo; además tuvo que hacer rappel por un acantilado de casi 20 metros de altura para salir del cañón. De esta manera, logró encontrar a un grupo de personas que le ayudaron a llevarlo a un centro de salud. A pesar de todo esto, Ralston continúa escalando grandes picos con la ayuda de una prótesis.

El brazo o morir
En septiembre del año 2007, un granjero de apellido Parker, en Carolina del Sur, vivió un aparatoso accidente que le obligó a cortar su brazo derecho para sobrevivir. Mientras cosechaba un campo de maíz, unos tallos de esta planta se quedaron atascados en los rodillos de la máquina.

En vista de esto, el granjero decidió meter la mano en el equipo, aún encendido, para sacar estos tallos; sin embargo, los rodillos atraparon su guante y, posteriormente, su mano derecha. Ante esto, Parker empezó a gritar solicitando auxilio, pero se encontraba en un lugar aislado, donde nadie escucharía sus gritos.

Así, transcurrió una hora en la que Parker lucharía por sacar su mano de los rodillos. No obstante, cada intento complicaba aún más la situación pues al empujar, su brazo se atascaba cada vez más. En algún momento, logró alcanzar una barra de hierro para atascarla en los rodillos, de forma que se detuvieran.

Tomó la navaja que tenía en su bolsillo y empezó a cortar sus propios dedos para liberarse. Sin embargo, en ese momento, la presión derivada de la barra de hierro atascada hizo que la máquina empezara a arrojar chispas, por lo que rápidamente empezó un peligroso incendio.

De esta manera, el granjero llegó a la conclusión de que debía cortar su brazo o morir en el incendio, por lo que reunió todas las fuerzas que le quedaban para cortar los tejidos y romper su hueso. Esto le permitió librarse de la máquina, por lo que se subió a su vehículo y empezó a conducir por la carretera hasta que alguien le prestó auxilio. Finalmente, un helicóptero de rescate lo llevó al hospital, donde pasó tres semanas hasta ser dado de alta.

Todo por salvar la vida de su hijo
El siguiente caso es el de una mujer, de apellido Ramírez, que vive en una zona rural, cerca de Río Talea en México. En este pueblo viven apenas unas 500 personas, quienes deben compartir un solo teléfono. En marzo del año 2000, esta madre de 40 años, estaba sola en su casa cuando inició su trabajo de parto. Ante esto y tras 12 horas de intensos dolores sin resultados, optó por otra alternativa.

En el pasado, esta mujer había sufrido una muerte fetal tras un parto complicado, por lo tanto, para evitarlo decidió practicarse a sí misma una cesárea. Para ello, ingirió una cantidad considerable de alcohol, con el fin de infundirse valor, tomó un cuchillo de unos 15 centímetros de largo y empezó a cortar.

Así, esta madre desesperada, atravesó su piel, grasa y músculos hasta llegar al útero para sacar a su bebé, quien después de una hora de cirugía salió de su vientre llorando inmediatamente. Luego de esto, Ramírez cortó el cordón umbilical y se desmayó. Al despertar, envolvió su vientre con capas de ropa y le pidió a su hijo de seis años que buscara ayuda.

Unas horas después, un trabajador del hospital del pueblo encontró a esta mujer, en total estado de consciencia, acurrucando a su bebé recién nacido. Fue llevada al hospital más cercano, a ocho horas en auto y fue sometida a cirugía para reparar los daños ocasionados tras la cesárea improvisada. Finalmente, se le dio de alta del centro de salud y se convirtió en la única mujer de la que se tiene registro que se haya realizado una cesárea a sí misma de forma exitosa.

Pesca mortal
En 1998, un pescador llamado Douglas Goodale, de 35 años, se encontraba recogiendo trampas de langostas en las aguas de Maine. De un momento a otro, mientras trabajaba en su primera trampa, una ola de enormes proporciones golpeó la embarcación, afectando el mecanismo de pesca.

Cuando se percató de ello, se dedicó a desenredar la cuerda; sin embargo, la manga de su camisa quedaría atrapada en el cabrestante. Así, el aparato se apoderó de su mano y de su brazo, haciéndole imposible escapar. Además, su cuerpo había quedado fuera del bote, a merced de las olas que azotaban su barco.

En ese momento, Goodale entendió que la única forma de salvar su vida era cortándose el brazo atrapado. Por tanto, tomó su cuchillo e inició tan traumática tarea. La buena noticia es que el agua fría del océano ayudó a disminuir el dolor y reducir la pérdida de sangre. Una vez que terminó con el asunto, retomó el control del barco y regresó al puerto, donde recibió atención médica. Lo anterior no le impidió continuar con la pesca de langostas y continuar su vida con un solo brazo.

Referencias:
Surgeons performing self-surgery: A review from around the world. ScienceDirect https://doi.org/10.1016/j.tria.2017.11.001

Auto-appendectomy in the Antarctic: case report. The BMJ https://doi.org/10.1136/bmj.b4965

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