lunes, diciembre 9, 2019
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El espacio huele a almendras amargas

El espacio, esa vastedad enorme y fría, está vacío. O eso pensamos todos. Porque, en realidad, el espacio sideral no está tan muerto como pensamos. ¿Y si te dijera que en realidad huele a almendras amargas? Bueno, no el espacio en sí. Y desde luego no todo. Pero podemos asegurar que hay una enorme nube, a unos 450 años luz de aquí, y que contiene casi la misma masa de nuestro Sol con un intenso olor a este fruto. ¿Por qué?

Una nube molecular en Tauro
Miremos hacia el cielo. En concreto, a la constelación de Tauro. ¿Lo ves? ¡Sí, es una nube oscura y alargada! Desde aquí se ve pequeñita, pero en realidad es enorme. Es lo que se conoce como la nube molecular 1 de Tauro. ¿Por qué? Porque es una nube de gas molecular, propia de una galaxia en su etapa “adolescente”.

Y como le ocurre a casi todas las galaxias en la pubertad, esta gran nube de gas es un indicativo de que todavía se están formando nuevas estrellas en su interior. Pero, ¿qué tiene que ver esto con las almendras amargas? En realidad, hace tiempo que estudiamos la composición de esta nube.

Al fin y al cabo, a pesar de la enorme cantidad de material que contiene, es una nube molecular extraordinariamente fría. Y está constituida por moléculas cuya composición es carbono, nitrógeno e hidrógeno. De hecho, son moléculas complejas, como ya sabíamos, de carácter orgánico. Y ahora, además, sabemos a qué huelen: almendras amargas.

La gran nariz espacial
Y es que, por primera vez, hemos conseguido oler mediante espectroscopía de radio una molécula concreta en esta nube de Tauro: el benzonitrilo. Esta es una molécula aromática muy presente en la nube de esta constelación y que, como ya te imaginarás, huele a almendras amargas.

El benzonitrilo, o cianobenceno, se obtiene en la Tierra deshidratando benzamida o mediante la reacción entre el cianuro de sodio y bromobenceno. Este olor a almendras amargas está asociado a las moléculas aromáticas relacionadas con el cianuro. Y, ahora, la molécula arroja luz sobre la composición del medio interestelar. Un material que eventualmente se incorporará en nuevas estrellas y planetas.

Las moléculas orgánicas con un anillo hexagonal de átomos de carbono, como el benzonitrilo, y que son conocidas como moléculas aromáticas, abundan por todo el Universo. Lo sabemos porque estas sustancias emiten un espectro característico en el infrarrojo, observado en muchos entornos espaciales.

Pero, para identificar qué moléculas aromáticas están presentes hace falta algo más de precisión, para lo que se emplea comúnmente la espectroscopía de radio. Así, los investigadores usaron un método conocido como apilamiento espectral, con el que buscaron la “firma” del benzonitrilo como si de una nariz estelar tratase de recordar un olor ya conocido.

¿Cómo huele el espacio?
En realidad, aunque vacío, es curioso ver cómo los astronautas y turistas espaciales afirman que el olor del espacio es algo que no se les va a olvidar nunca. Aunque este olor a almendras amargas varía muchísimo de unos a otros visitantes. Así, desde a “una mezcla de nueces y discos de freno”, hasta el “ozono y la pólvora” pasando por las almendras tostadas, el espacio puede oler a muchas cosas muy distintas.

Pero claro, de lo que hablamos en realidad es de los olores asociados a los espacios dedicados a los humanos y a sus componentes. Probablemente, si tuviéramos la oportunidad de olfatear una enorme nube de gas como la de Tauro sin perder la nariz, ¿cómo sería la experiencia? Y más importante: ¿para qué queremos saberlo?

Estudiar la composición de las moléculas orgánicas en el espacio es clave para entender la complejidad molecular en los discos protoplanetarios que rodean a las estrellas jóvenes, entre otras aplicaciones. Estos discos son auténticas “guarderías” de planetas. Comprender mejor el polvo desde el que se formarán nos ayuda a comprender mejor el origen de todo lo que nos rodea, independientemente de cómo huela.

Fuente: Hipertextual / Santiago Campillo

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