martes, abril 23, 2019
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La vida silvestre vuelve a ser abundante en Chernóbil

Científicos de la Universidad de Georgia (Estados Unidos), han realizado un estudio de especies carroñeras en la Zona de Exclusión de Chernóbil, en Ucrania, ante las evidencias de investigaciones anteriores que demuestran la abundancia de vida silvestre en la zona evacuada tras el accidente nuclear de 1986.

El nuevo estudio, que utilizó cadáveres de peces como cebo, ha proporcionado una evidencia adicional de la proliferación de especies salvajes en esta zona. Durante un mes y mediante cámaras ocultas, se han obtenido imágenes de 10 especies de mamíferos y cinco de aves, según James Beasley, profesor asociado del Laboratorio de Ecología del Río Savannah (SREL) y la Escuela Warnell de Bosques y Recursos Naturales.

“Estos animales fueron fotografiados mientras recolectaban restos de peces ubicados en la costa de los ríos y canales de la Zona de Exclusión”, señala Beasley en un comunicado. “Hemos visto evidencia de una diversidad de vida silvestre a través de nuestras anteriores investigación, pero esta es la primera vez que vemos águilas de cola blanca, visones americanos y nutrias de río en nuestras cámaras”.

Ya en 2015 se obtuvo la primera evidencia de que la vida silvestre, incluidos los lobos grises, existen en abundancia en esta zona ecológica, de aproximadamente 1,609 kilómetros cuadrados, que los humanos abandonaron después del accidente nuclear hace 33 años.

Los nuevos resultados proporcionan evidencias de que los recursos de nutrientes acuáticos pueden fluir a paisajes terrestres y estar disponibles para la vida silvestre terrestre y semiacuática, como la nutria y el visón.

Conexión entre especies acuáticas y terrestres
Peter Schlichting, investigador postdoctoral del SREL en la de la Universidad Estatal de Arizona, explica que los estudios anteriores mostraron que la actividad de captación de desechos puede conectar varias redes alimenticias, pero aún se desconoce cómo ocurre esto.

Según Schlichting, en el estudio actual, se colocaron cadáveres de peces al borde del río Pripyat y en canales de irrigación cercanos, imitando la actividad natural que se produce cuando las corrientes transportan peces muertos a la costa. Los resultados muestran que el 98 por ciento de los cadáveres de peces fueron consumidos en una semana por una multitud de carroñeros.

“Esta es una alta tasa de recolección, y, dado que todos nuestros cadáveres fueron consumidos por especies terrestres o semi-acuáticas, verifica que el movimiento de los recursos nutricionales entre los ecosistemas acuáticos y terrestres ocurre con más frecuencia de lo que se pensaba”, señala Beasley.

“Tendemos a pensar que los peces y otros animales acuáticos permanecen en su ecosistema. Esta investigación nos muestra que si una proporción razonable de peces muertos llegan a la orilla, hay un grupo completo de especies terrestres y semiacuáticas que transfieren esos nutrientes acuáticos al hábitat terrestre”.

Proliferación de especies carroñeras
El equipo comparó la actividad de las especies carroñeras en el río con la de los carroñeros en los canales, evaluando los parámetros que incluyen el porcentaje de cadáveres consumidos y la rapidez con la que se consumieron; el número de especies que aparecieron; y con qué frecuencia se detectó cada especie.

El equipo descubrió que la eficiencia del carroñero era mayor en el río porque la cobertura limitada de la costa aumentaba la visibilidad de las canales de peces, lo que hacía que fueran más fáciles de encontrar. Pero, como predijo el equipo, la riqueza era mayor en los canales.

“Muchas de las antiguas áreas agrícolas dentro de la Zona de Exclusión fueron irrigadas mediante el uso de estos pequeños canales”, explica Beasley. “La mayoría de ellos aún tienen agua, pero están cubiertos de vegetación que proporciona cobertura para la vida silvestre, por lo que son utilizados por una amplia gama de especies”.

Referencia:
Efficiency and composition of vertebrate scavengers at the land-water interface in the Chernobyl Exclusion Zone. P. E.Schlichting et al. Food Webs, Vol. 18, March 2019. DOI: https://doi.org/10.1016/j.fooweb.2018.e00107.

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