domingo, diciembre 22, 2019
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Las neuronas colaboran en el crecimiento y expansión de los tumores

Una vez una célula sana se ha convertido en cancerígena, su propósito es reproducirse, expandirse y, de ser posible, conquistar otros órganos –la consabida metástasis tumoral–. Y para ello, tiene que reclutar a células sanas de su entorno para que colaboren en su crecimiento y diseminación. Por ejemplo, los tumores inducen la formación de nuevos vasos sanguíneos –un proceso denominado angiogénesis– y los redirigen a su interior para garantizar el suministro de nutrientes necesario.

Asimismo, dichas estructuras liberan sustancias químicas que engañan a las células que controlan la respuesta inmune –los linfocitos T colaboradores– para esconderse del sistema inmunitario. Pero la interacción entre células malignas y sanas no acaba ahí.

De hecho, como muestra un estudio efectuado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, las células cancerígenas también reclutan y manipulan a las neuronas, lo que dificulta en gran medida la posibilidad de acabar con el tumor. Y no solo en el cáncer cerebral, sino en otros muchos tipos de tumores como el de próstata, de páncreas, de estómago o de piel.

Como explica Michelle Monje, directora de esta investigación publicada en la revista Trends in Cancer, “no hay ninguna parte del cuerpo que no se encuentre bien inervada. El sistema nervioso es un árbol extremadamente ramificado que toma parte en todos los aspectos de los tejidos y que contribuye de forma muy importante al desarrollo tisular. Por tanto, y dado que las señales para el crecimiento ya se encuentran ahí, ¿por qué no iban las células cancerígenas a reclutarlas?”.

Inervación tumoral
A día de hoy contamos con distintos tratamientos para inhibir la angiogénesis y, así, cortar la fuente de suministros a los tumores. También se encuentran en fase de estudio diversas terapias inmunológicas para procurar que los linfocitos T reguladores desistan de su felonía y lancen al sistema inmune a luchar contra los tumores.

Pero, dada la existencia de una interacción entre las células cancerígenas y las neuronas, ¿pueden también administrarse tratamientos que actúen sobre los nervios, como sería por ejemplo bloqueando los factores de crecimiento secretados por las neuronas?

Pues la verdad es que podría contemplarse como una posibilidad, pero no sin una extremada cautela. Y es que estas señales de crecimiento no solo varían según el tipo de neurona, sino también en función del tipo de cáncer. Y lo que es más importante, la inhibición de la actividad neuronal puede resultar muy, pero muy peligrosa.

Como indica Michelle Monje, “la modulación de la actividad neuronal en el cerebro no es una opción dado que no queremos ‘silenciar’ el cerebro, que debe mantenerse activo y funcional. Pero lo que sí podemos hacer es interrumpir las vías moleculares específicas que han sido reclutadas por el tumor”.

En este contexto, los autores ya publicaron un estudio en 2015 en el que observaron que las células del glioma –tipo de cáncer que desarrolla en el cerebro o en la médula espinal– crecían de forma acelerada cuando se encontraban junto a neuronas muy activas.

Una observación que sirvió para reforzar las sospechas de que las células tumorales no solo crecen cerca de las neuronas, sino que responden a las señales químicas –caso de las señales de crecimiento– emitidas por las propias neuronas. Tal es así que algunas investigaciones recientes sobre cáncer de estómago han sugerido que la inhibición de los neurotransmisores en los nervios que inervan el tumor podría utilizarse como tratamiento.

Como refiere Michelle Monje, “se trata de un primer paso, pero abre la puerta a la posibilidad de tratar los tumores actuando sobre los nervios cercanos. Y es que las semillas no tienen a crecer en el aire. Necesitan estar en el sustrato adecuado. Y los tumores se parecen mucho a las semillas. Requieren encontrarse en un microambiente adecuado”.

Cáncer y nervios
La confirmación de la “colaboración” entre células tumorales y neuronales plantea numerosas preguntas sobre la patología del cáncer. Pero también ofrece algunas respuestas, caso de por qué las células de los tumores cerebrales suelen crecer en torno a las neuronas –un proceso denominado “satelitosis perineuronal”.

O asimismo, por qué el grado de inervación de los tumores actúa como un factor pronóstico de la evolución del cáncer o por qué las células metastásicas utilizan los nervios a modo de atajos para llegar a otros órganos. Ahora ya se sabe que estos nervios son unas “carreteras” que, más que dificultar el tránsito de las células tumorales, lo facilita con sus “áreas de servicio” –como serían las señales moleculares que, cual repostaje, inducen al crecimiento tumoral.

En definitiva, el futuro, cuando no presente, de la investigación del cáncer no debe obviar el papel del sistema nervioso en los procesos tumorales. Como concluyen los autores. “Hasta ahora solo se ha investigado el papel de las neuronas en un número muy limitado de tipos de cáncer, y los detalles moleculares de la relación entre las células tumorales y nerviosas se encuentra aún por determinar”.

Fuente: ABC España

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