jueves, septiembre 5, 2019
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Los motivos por los que hoy se puede vivir en Nagasaki pero no en Chernóbil

El 9 de agosto de 1945 los Estados Unidos de América detonaron una bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki. El blanco primario era la ciudad de Kokura, pero el humo creado por los bombardeos hizo que se desviase y sellase el destino de la ciudad nipona.

La bomba de plutonio estalló a 500 metros de altura con una potencia equivalente a la de 21,000 toneladas de TNT. En un instante murieron unas 100,000 personas. Fat man mató a otras 10,000 personas en los años posteriores. Sin embargo, hoy día la ciudad acoge a casi medio millón de habitantes.

Por otro lado, el accidente nuclear de Chernóbil, ocurrido el 25 de abril de 1986, llevó a decenas de muertes y al desplazamiento de cientos de miles de personas. Todavía hoy en día existe una zona de exclusión de 2,600 kilómetros cuadrados para preservar la salud de las personas, en la que, paradójicamente, los animales han encontrado un lugar en el que medrar, a salvo de la actividad humana. ¿A qué se deben estas diferencias?

En primer lugar, la realidad es que Chernóbil no es una zona fantasma. En el área contaminada, 400 kilómetros alrededor de la planta accidentada, viven unos 5 millones de personas, según el Comité de Naciones Unidas sobre los Efectos de la Radiación Atómica (UNSCEAR, por sus siglas en inglés). De hecho, en las décadas posteriores al accidente nuclear siguieron operando los otros cuatro reactores de la planta.

Chernóbil emitió más radiación
Aparte de esto, el hecho de que haya una zona de exclusión en Chernóbil pero que se pueda vivir en Nagasaki se debe, fundamentalmente, a que la central nuclear emitió unas 400 veces más radiación a la atmósfera que la liberada en la explosión nuclear de Nagasaki, según el Organismo Internacional de Energía Atómica International (OIEA).

De hecho, mientras que el reactor de la central ucraniana contenía 180 toneladas de combustible nuclear, el dos por ciento del cual (3,600 kilogramos) era uranio puro, las bombas de Hiroshima y Nagasaki transportaban 63 kilos de uranio enriquecido y 6.2 de plutonio, respectivamente.

En Ucrania, los efectos son más duraderos
Además de esto, la explosión de Chernóbil produjo decenas de subproductos radiactivos que se extendieron por la atmósfera, los campos y los acuíferos. Cada uno de ellos se caracterizaba por un distinto poder tóxico y por una diferente vida media, un parámetro que expresa cuánto tiempo tardan en perder su poder radiactivo.

Sin embargo, muchos de estos subproductos tienen una vida media larga, lo que implica que los efectos de Chernóbil sean más duraderos que los de las bombas atómicas. Entre los productos más longevos había isótopos (átomos que se diferencian en el número de neutrones de sus núcleos) de cesio (el isótopo 137), de estroncio (el 90), de iridio (el 131) y de plutonio (los 239 y 240).

Tal como explicó el físico Javier Santaolalla, el factor clave que explica las diferencias entre Hiroshima o Nagasaki y Chernóbil es la vida media. “Los átomos radiactivos vertidos en Japón han decaído ya en estables, es decir, no radiactivos”, explicó, “mientras que en Chernóbil se prevé que lo hagan dentro de 30 años”.

En Japón la emisión ocurrió en altura
El accidente nuclear de Chernóbil abrió el reactor al exterior y le convirtió en un potente emisor de isótopos radiactivos, que pudieron ser arrastrados por el viento durante días, y una fuente de radiaciones muy energéticas que dañaron muy gravemente el terreno circundante.

Sin embargo, en Japón las explosiones ocurrieron cientos de metros de altura, con lo que las partículas radiactivas se dispersaron mucho más antes de llegar a la superficie.

Por ese motivo, la contaminación radiactiva de una bomba alcanza sus niveles máximos durante las primeras semanas o meses, por lo que se recomienda a las personas que no abran las ventanas, que usen máscaras o que no beban agua. Sin embargo, la catástrofe de Chernóbil tiene efectos a largo plazo.

Fuente: ABC España

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