jueves, diciembre 19, 2019
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No es pereza, es que soy más inteligente que la media

Las mentes pensantes no necesitan hacer tanta actividad física, por ello pasan más tiempo remoloneando que la media de las personas. Dicho de otro modo: puede que seas perezoso porque eres más inteligente que el común de los mortales. Compra la idea, ¿no? Pues ojo porque eso es lo que sugiere una investigación realizada por psicólogos estadunidenses de la Universidad Estatal Apalaches, en Carolina del Norte, y de la Universidad de la Costa del Golfo de Florida, en Fort Myers.

El estudio parte del supuesto de que las personas con un alto coeficiente intelectual y, por lo tanto, una inteligencia mayor, se aburren menos porque tienen más en que pensar y, por tanto, pasan largos ratos ensimismados, carburando y gozando de su vida interior, lo que redunda en una menor actividad física.

A esa conclusión llegaron los investigadores tras analizar a dos grupos de estudiantes, de 30 personas cada uno. Mientras uno mostraba una alta Necesidad De Cognición (NFC, por sus siglas en inglés), un término que en psicología define a la gente que disfruta realizando esfuerzos cognitivos, en el otro esa necesidad no sobrepasaba los niveles medios.

Tras hacerles una serie de preguntas, tipo “¿te gusta enfrentarte a situaciones que te hagan reflexionar?”, o “¿te divierte pensar?”, o “¿te gustan las tareas que, una vez aprendidas, no necesitan que pienses demasiado?”, los estudiantes fueron monitorizados mediante un dispositivo colocado en la muñeca que calibró el esfuerzo físico realizado durante el tiempo del estudio.

Los resultados evidenciaron que estos hicieron mucho más ejercicio entre lunes y viernes, aunque no a lo largo del fin de semana. Para Ares Anfruns, psicoterapeuta y coach del Institut Gomà de Barcelona, “las personas con altas capacidades intelectuales se caracterizan, entre otras cosas, por comprender ideas complejas y abstractas y por poseer un comportamiento creativo a la hora de encontrar soluciones”.

Agrega que su gran habilidad es su mente pensante, su inteligencia, y es ahí donde pasan muchas más horas que otras personas elaborando ideas, creando diferentes escenarios de una misma situación, asociando distintos contextos y buscando resultados diferentes. Debido a esta condición su ritmo para pasar a la acción y “ponerse en marcha” es diferente al de otros; no es que no lo hagan sino que lo retardan. En mi opinión, no es la pereza lo que les define sino un ritmo diferente”.

Queda claro que la cuestión no es simple, y que no se puede resumir afirmando tan solo que un alto coeficiente intelectual o ser muy inteligente condiciona a las personas a ser más sedentarias. Y tampoco que, por el contrario, la gente con un coeficiente intelectual más bien bajo o menos inteligente no disfruten de la vida contemplativa y de los desafíos cognitivos, según contaron los autores del estudio al Washington Post.

La cosa es más sutil. También se observan diferencias entre personas igual de capacitadas y que, por ejemplo, desarrollan el mismo trabajo de ingeniería en la misma empresa. A priori parecería que el nivel de actividad física que demanda su actividad debería ser similar para ambos. Pero si una tiene la NFC más alta y, por ende, es más inteligente, se estimula cuando ante el ordenador debe afrontar problemas complejos, lo que le lleva a pasar largos ratos pensando frente a la pantalla. La otra, no tan necesitada de retos de inteligencia, más bien se agobia y procede a invertir más tiempo en ausentarse de su mesa, ya sea yendo al baño más veces o aprovechando la pausa de mediodía para ir a hacer algo de deporte: se mueve más.

Estudios anteriores, apuntaban que las mentes brillantes necesitan más tiempo en soledad, lo que les reporta más tiempo para pensar. Estos investigadores no son los únicos que apuntan en esa dirección. Otro que tenía claro que un punto de pereza puede denotar aptitudes de inteligencia fue Kurt von Hammerstein-Equord, un general alemán y férreo opositor al régimen nazi que hizo una singular clasificación de sus oficiales, que contó de la siguiente manera:

“Distingo cuatro clases: los inteligentes, los trabajadores, los tontos y los vagos. En la mayoría de los casos concurren dos cualidades. Los inteligentes y trabajadores son para el Estado Mayor; los otros, los tontos y vagos, forman el 90% de todos los ejércitos y son muy aptos para las tareas de rutina.

El que es inteligente y, a la vez, vago, se califica para las más altas tareas de mando, pues aporta la claridad mental y el aplomo necesarios para tomar decisiones de peso. Del que es tonto y trabajador hay que protegerse; en ese no se puede delegar ninguna responsabilidad, pues siempre causará alguna desgracia”.

Ya ve, ese toque de vagancia que le achacan sus amigos puede que tenga su punto. Si le pinchan al respecto, siempre puede ofrecerles tan interesante argumento o, también, endiñarles un par de frases célebres al respecto. La de Bill Gates le va como anillo al dedo: “Siempre voy a elegir a una persona perezosa para hacer un trabajo difícil porque él encontrará una manera fácil de hacerlo”. Y con la de Oscar Wilde rematará la faena: “No hacer nada es lo más difícil en el mundo, lo más difícil y lo más intelectual”.

Pero no se pase. Porque aunque tenga usted una NDC de un par de vagones de tren y sea inteligente como Einstein, eso no quita que, si no se mueve nada, vaya a acabar siendo un cerebrito sedentario con un montón de problemas de salud debido a su inmovilismo. Siga sustrayendo la idea si ve que le encaja, pero no se olvide de su masa muscular. Más que nada porque eso no sería, en absoluto, digno de su brillante inteligencia.

Fuente: El País / Eva van den Berg

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